miércoles, 11 de mayo de 2011

HERBART Y LA ERE

HERBART Y LA  ERE
AUTOBIOGRAFÍA  
OBJETIVO GENERAL
INTRODUCCIÓN
BIOGRAFÍA DE HERBART

DESARROLLO DEL BLOGS

  1. HERBART: LA EDUCACIÓN  COMO CAMINO DE INTEGRACIÓN EN LA PERSONA.
1.1  EDUCAR EN LA LIBERTAD.
1.2  LA  EDUCACIÓN ÉTICA Y VALORES COMO POTENCIALIZADORA  DEL      CRECIMIENTO HUMANO.

  1. LA PEDAGOGÍA EN EL PENSAMIENTO DE HERBART
2.1  CAMPOS DE APORTES.
2.2  APLICACIONES  EN EL  AULA DE CLASE.

  1. APORTE EDUCATIVO DE HERBART Y SU RELACIÓN CON LA ERE.
3.1 ¿QUÉ ES LA ERE?
3.2  IMPLICACIONES DIDÁCTICAS.
3.3  LA ERE COMO EXPERIENCIA SIGNIFICATIVA.




DESARROLLO

  1. HERBART: LA EDUCACIÓN  COMO CAMINO DE INTEGRACIÓN EN LA PERSONA.
Herbart consideraba a la persona humana como un elemento fundamental en el desarrollo educativo. Por lo tanto, los objetivos de la educación deberían ser planteados desde la perspectiva del ser humano, de tal manera que se prepare a la persona para su desempeño en cada una de las facetas de la vida.
Así, la educación debe ayudar a la persona a comprender el camino que vive;   a reconocerse,  a reconocer a los demás y  a crecer como un  ser culto, capaz  de desarrollarse libremente en el  proceso de vida.
“Una idea poco reconocida en la pedagogía de Herbart es la necesidad de poner la educación en relación con la vida, es decir, con la del mundo inmediato del niño, partiendo de la vieja sentencia de “no aprender para la escuela, sino para la vida”. Así dice: “por esto no podemos exaltar la escuela, sino para la vida; el alumno debe llegar a ser hombre, y al hombre le hace la vida precisamente en tanto que se opone a la escuela… Por tanto, de la escuela a la vida y, a su vez, vuelta de la vida a la escuela; ésta sería sin duda la marcha mejor que se podría seguir”.
El ser humano es un ser social.  Desde que se nace, se pertenece a un grupo y los diferentes grupos conforman la sociedad.  Por ello, desde la familia y desde la institución educativa se deben fomentar valores y desarrollar habilidades que permitan a los niños y jóvenes desempeñarse asertivamente en la vida.   Además, los objetivos de las diferentes áreas académicas deben ser producto de estudios sobre las necesidades de los educandos de acuerdo con el país en el cual se vive, con las necesidades del medio, con las etapas del desarrollo evolutivo, entre otros.  Es por esto que la educación no debería estandarizarse.   Además, la escuela debe  ser un medio que facilite los caminos del conocimiento en una dinámica activa, de tal manera que se motive constantemente a los educandos para que cada vez tengan una mayor conciencia de sí mismos; para que reconozcan la importancia de luchar por  renovarse cada día, de estar dispuestos a caminar por senderos rectos y de ser colaboradores en la educación de los otros.
En suma, a través de la educación se debe ayudar a la persona a descubrirse como un ser con capacidades y talentos; a desarrollar esas capacidades y esos talentos y a tener conciencia de su responsabilidad social en la construcción de un mundo mejor.

 “Aquellos que no tienen verdaderos conocimientos psicológicos, rara vez comprenden nada de la educación. Conservan tal vez la antigua opinión de que en el alma humana residen ciertos poderes o facultades que deben ser educados en una forma o en otra. Estas personas piensan en ejercicios gimnásticos, que fortifican los músculos, pues el hombre tiene una sola clase de músculos. En efecto, en cada masa perceptiva (masa o grupo de ideas) están contenidas las así llamadas fantasías, memoria e inteligencia, pero no están distribuidas por igual, sino que, en una misma persona, una determinada masa de apercepciones puede ser más intelectual, más imaginativa, o de carácter reproductivo; otra masa puede estar penetrada de sentimiento profundo, otra de una atmósfera de frialdad, etc. Por consiguiente, lo que los educadores llaman disciplina formal sería un absurdo si implicara la educación de facultades morales aisladas, que solo existen en la imaginación de algunas gentes.”[i]
El maestro debe tener, además de la preparación propia para el desempeño en su área, unos conocimientos  sobre pedagogía; psicología general, psicología evolutiva y psicología de la educación. Estos conocimientos constituyen los pilares para su desempeño pedagógico.  También, le ayudarán a tener una visión holística del ser humano, de la sociedad y de la educación.  Así mismo, será más conciente de la importancia de implementar estrategias a través de las cuales se trabajen, desde cualquier área, las cinco dimensiones del ser humano:     Dimensión espiritual, dimensión social, dimensión psicoafectiva, dimensión intelectual y dimensión interpresonal.

1.1   EDUCAR EN LA LIBERTAD.
La libertad es el camino máximo de una persona para llegar a ser dueña de sí misma, de sus pensamientos y de sus emociones; para reconocer lo que realmente quiere para su vida.   A los padres de familia y a los educadores les corresponde  educar con  amor, seguridad y autoridad, teniendo en cuenta que la autoridad debe estar basada en el respeto hacia sí mismo y hacia los demás.
Herbart hace referencia a la libertad que tiene que generar el educador en su campo de trabajo y a la combinación que debe hacerse entre libertad y autoridad:
 “…Desde su infancia, el hombre debe aceptar voluntariamente restricciones, especialmente porque tiene  que vivir en comunidad. Por lo tanto. Los niños deben, ante todo, aprender a obedecer. Su natural exuberancia debe encontrar resistencia suficiente como para evitar la falta.  Inmediatamente, nos enfrentamos con una nueva dificultad: ¡el medio más fácil para el niño  no ofender a sus padres o a sus maestros es disimular y mentir!. De ahí que haya que vigilarlos y controlarlos tan de cerca, y que haya que tenerlos tan ocupados de la mañana a la noche, que no tengan tiempo para travesuras. Hay algo de verdad en esto, pero si se practica con demasiada severidad y exigencia, se puede fallar en el primer postulado que hemos establecido, según el cual se debe preservar el vigor de los niños. Para esto necesitan libertad. Aquellos maestros que restringen la libertad a tal punto que las acciones de los niños están calculadas para causar placer al observador, educan bebés. Esas criaturas van a tener que aprender a usar sus facultades cuando sean grandes y, a pesar de todos sus esfuerzos, serán siempre tímidos, desvalidos e inferiores frente a las personalidades libres, hasta que, eventualmente, buscan una compensación en lo que puedan”.[ii]

El ser humano se va haciendo libre a medida que se educa en el dominio de sus propios caprichosy va forjando su voluntad.
Educar la voluntad permite crecer con autonomía y libertad, siendo consciente de las propias cualidades y de los propios defectos.  Esto llevará a la consecución de uno de los grandes objetivos de la vida: Ser feliz.    Educar la voluntad es posible a través de la creación de hábitos y el planteamiento de objetivos personales para que la persona sepa hacer uso de la libertad y no se convierta en esclava de sus propios instintos.
El papel de los padres de familia y de los educadores es fundamental en este proceso. Ellos tienen la obligación de ejercer bien su autoridad.   Una autoridad bien ejercida busca el bien del otro, con firmeza, claridad y bondad.  La autoridad  debe buscar que el otro sea cada vez más maduro y responsable.  Por ello, la relación educador-educando  debe crear libertad progresiva, en vez de dependencia.
La familia y la institución educativa deben educar para la libertad permitiendo la participación activa y efectiva de sus miembros, delegando responsabilidades,  y estableciendo normas claras a través de las cuales se busque una mejor convivencia, entre otros.

“La libertad es un valor primordial, ya que permite que los demás valores existan. Aunque los medios de comunicación, los políticos o la escuela hablen sobre este valor, definirlo no es tan fácil pues existen distintas formas de concebirlo y ejercerlo. En principio, la libertad es la situación donde uno tiene la posibilidad de actuar o no sin interferencias, presiones, ni constricciones. A partir de esta concepción se plasman en las leyes los derechos fundamentales de los individuos que les garantizan las libertades de expresión, culto religioso, asociación, tránsito, pensamiento, entre otras. Estas libertades constituyen a base misma de las sociedades democráticas. Ahora bien, la libertad no puede ser absoluta o ilimitada. ¿Estás de acuerdo? El propio marco legal que establece y garantiza las libertades es, al mismo tiempo, uno de sus límites. Pero las leyes no son las malas de la película; no existen para darnos dolores de cabeza, ni estorbarnos; existen para demarcar el sentido y alcances de las libertades mismas, para que su ejercicio por parte de unos no menoscabe el derecho de otros; existen, pues, para que podamos convivir los unos con los otros en libertad. Por eso no se vale evadir el cumplimiento de la ley. En otro sentido, la libertad significa que cada quien puede decidir por sí mismo obedeciendo sólo a su propio criterio y no determinado por otros. Esta definición se orienta más hacia la autonomía que cada uno tenemos, por ejemplo: la de vestir como me gusta o elegir el credo que quiera. Así, mientras que en el terreno individual la libertad entraña la capacidad de autogobernarnos, en el ámbito social la libertad remite al derecho y a la consiguiente responsabilidad de participar en las decisiones colectivas, como la formación de gobiernos, la discusión de las leyes y la elaboración de las políticas públicas; sólo participando de esta manera puede decirse que al obedecer las leyes y a nuestras autoridades nos estaremos obedeciendo a nosotros mismos.
Las diferentes formas de la libertad están estrechamente vinculadas entre sí: no es casual que los gobiernos autoritarios las restrinjan por igual”[iii].

Siempre, en todo proceso de libertad, tiene que restringirse a la persona humana. En la medida en que la persona se va educando, va aprendiendo  a conocerse a sí misma, a conocer a los demás, a conocer la importancia de las normas para vida en sociedad y contribuirá a la vivencia de una libertad compartida, ayudando a crear nuevas normas a través de las cuales se busque el bien común.
Es ese uno de los grandes papeles de la escuela: ser generadora de libertad, educando con  principios y normas claras.

1.2  LA EDUCACIÓN ÉTICA Y VALORES COMO POTENCIALIZADORA  DEL CRECIMIENTO HUMANO.
El ser humano está llamado a trascender, a ser cada  día mejor y a aportar desde su vida para que el mundo y quienes hacen parte de él sean cada día mejores.  La ética y los valores son elementos que están presentes en la persona humana y hacen parte de su desarrollo integral.
Los valores ayudan al crecimiento humano de la persona y reflejan sus ideales. Es importante que la persona se desarrolle en todas sus dimensiones;  que desarrolle sus potencialidades y capacidades y que se proyecte al mundo, motivando cambios en los demás.
“Designamos con la palabra “ética” el comportamiento, la conducta y el actuar de hombre en cuanto hombre. El ser humano no es un dato, un objeto entre otros susceptible de ser agotado en descripciones y definiciones; escapa a la inteligibilidad propia del universo de los cuerpos y sin embargo nos plantea la necesidad de un nuevo y más amplio campo de intelecciones. En esa tarea en que el hombre se articula y constituye como punto virtual donde se cruzan los hilos del universo es donde se fundamentan las raíces de la ETICA.
Nuestro punto de partida es abordar la vida humana como un ininterrumpido flujo de conciencia, un constante darnos cuenta de un continuo interactuar con el mundo circundante dándole sentido. Este es, en sentido amplio, el horizonte de la experiencia, que en último análisis se define como intencionalidad motivada, interesada que da contexto y perspectiva a todo nuestro actuar. Ahora bien, ser consciente en toda su amplitud es reconocer que el hombre es pluridimensional; nuestra vida no está movida siempre por el mismo interés, las relaciones del hombre van en todas direcciones. Así conciencia es básicamente apertura, finitud, carencia, intención de plenitud, anticipación de sentido, de verdad y de valor”[iv].

A través del diario vivir, el ser humano va formado su criterio y ve la realidad de determinada forma; aprende a valorar y a rechazar cosas, actitudes y comportamientos;  aprende a tener conciencia de sí mismo, de sus actos y de la trascendencia que ellos tienen sobre sí mismo  y sobre los demás; aprende a enfrentar retos y a tomar decisiones. Esto demuestra que la ética siempre está presente en nuestras vidas, pues para ser personas con ética debemos practicar valores  como la libertad, la honestidad, el respeto y la tolerancia.
La ética es un saber práctico desde el cual se debe reflexionar  sobre la conducta humana cuando esta es susceptible de juzgarse moralmente como cuando se habla de situaciones en las que prima la justicia o la injusticia; cuando se asumen actitudes a través de las cuales se resuelven conflictos de cualquier índole.  De esta reflexión debe surgir en el ser humano una “intencionalidad motivada” que le impulse a vivir de acuerdo con con unos principios, con un norte claro, teniendo en cuenta que el ser humano es pluridimensional y que como tal  muchos comparten un mismo norte, otros tendrán uno diferente, pero todos hacemos parte de una sociedad y debemos  ser agentes activos y respetuosos dentro de ella.
“Los valores son principios que nos permiten orientar nuestro comportamiento en función de realizarnos como personas. Son creencias fundamentales que nos ayudan a preferir, apreciar y elegir unas cosas en lugar de otras, o un comportamiento en lugar de otro. También son fuente de satisfacción y plenitud.

Nos proporcionan una pauta para formular metas y propósitos, personales o colectivos. Reflejan nuestros intereses, sentimientos y convicciones más importantes.

Los valores se refieren a necesidades humanas y representan ideales, sueños y aspiraciones, con una importancia independiente de las circunstancias. Por ejemplo, aunque seamos injustos la justicia sigue teniendo valor. Lo mismo ocurre con el bienestar o la felicidad.

Los valores valen por sí mismos. Son importantes por lo que son, lo que significan, y lo que representan, y no por lo que se opine de ellos.

Valores, actitudes y conductas están estrechamente relacionados. Cuando hablamos de actitud nos referimos a la disposición de actuar en cualquier momento, de acuerdo con nuestras creencias, sentimientos y valores.

Los valores se traducen en pensamientos, conceptos o ideas, pero lo que más apreciamos es el comportamiento, lo que hacen las personas. Una persona valiosa es alguien que vive de acuerdo con los valores en los que cree. Ella vale lo que valen sus valores y la manera cómo los vive”[v].
 
 “Mientras que Pestalozzi y Rousseau habían defendido la importancia del individuo contra la sociedad, Herbart trató de lograr un equilibrio entre las dos. El individuo debe desarrollar sus propias capacidades; pero al mismo tiempo debe mucho a la sociedad y se halla mejor a sí mismo al servicio de un semejante. La ética no implica la fijación de normas rígidas, pues la vida es un proceso educativo que no se completa nunca. El moralista puede resultar enemigo de la virtud, pues establece sus propias normas como de definitivas. Herbart recomienda, por el contrario, que volvamos a definir constantemente nuestras funciones y que conservemos un espíritu de exploración. Nada es más fútil que especializarse en un campo o mirar la vida desde un solo punto de vista. Cuanto más amplios sean los intereses y la simpatía que cultivemos, más generaremos en autentica moralidad. Para Herbart, la ética es lo que prueba la educación. Esto significa que la razón pura es el preludio a la razón práctica, y que el conocimiento es el preludio a la acción.
Según Herbart el hombre educado conoce la virtud y comprende las aspiraciones humanas; al mismo tiempo, busca los medios por los cuales se pueden realizar los ideales. Esto requiere, a un tiempo,  inteligencia y equilibrio emocional”[vi].

La vida de todas las personas tiene una razón de ser y es su realización en diferentes facetas.  Los valores guían nuestro comportamiento hacia esa realización.   El ser humano  vive en un continuo diálogo consigo mismo y desde ahí, desde esa toma de conciencia de sí mismo y de sus actos, se aprueba o se desaprueba a sí mismo.  Cuando esos sentimientos son, en su mayoría, de aprobación, generan satisfacción y plenitud y, al mismo tiempo, se convierten en un motor que impulsa a plantearse metas y objetivos personales y colectivos.  De ahí que la conducta de una persona refleja su sistema de valores y sus ideales.
Ahora bien, dado que hacemos parte de un grupo, compartimos creencias, valores  y sueños y vivimos simultáneamente en función de nosotros mismos y en función de la sociedad de la cual hacemos parte, por lo que entre individuo y sociedad hay una relación recíproca.   Así, mientras más educada sea una persona, más reconocerá la importancia de los otros, de sus sueños; tendrá más capacidad para superar y resistir las dificultades que se le presenten hasta conseguir sus metas, sin convertirse en un tropiezo para que los demás consigan las suyas.  

  1. LA PEDAGOGÍA EN EL PENSAMIENTO DE HERBART
Herbart fue un gran creador en el campo educativo. Lo que más motivó su trabajo fue el estudio de la persona misma, su formación y su desarrollo en la  búsqueda de un continuo crecimiento  personal  y la consolidación del futuro.
Su interés general era suscitar nuevas y buenas herramientas que fuesen de gran ayuda en el desarrollo de una clase. Por consiguiente, la figura del profesor y su relación con sus alumnos tenían un papel relevante para él.
“La pedagogía tiene fines propios planteados por la ética, pero los medios, como es obvio, se los proporciona la psicología. Ahora bien, educar en vista de la perfección, es decir, de la formación armoniosa de la persona significa, con arreglo a la psicología de Herbart, otra cosa que velar por una estructuración lo más amplia y sólida posible de la masa percéptica, suministrándole gradualmente las representaciones más oportunas, esto es, las más susceptibles de agregarse armoniosamente con las preexistentes,  de manera de construir una base que permita asimilar con facilidad las siguientes”[vii].
Es  bien sabido que la conducta humana tiene componentes heredados y componentes aprendidos. Los primeros tienen una base biológica y los segundos, además de tener una base cultural y social, se transmiten por medio de la educación.  En este punto es donde tiene una gran importancia la pedagogía y sus objetivos, pues ella hace una reflexión práctica sobre la educación y está apoyada en otros saberes como la Ética y la Psicología.  Así pues, de la  Ética se desprenden los objetivos propios de la pedagogía y la Psicología  le proporciona los medios para la consecución de esos objetivos.  En últimas, el principal objetivo de la Pedagogía es la formación armoniosa del ser humano; es decir, su perfección. Ello implica el desarrollo de los ocho tipos de inteligencia propuestos por Howard Gardner: Inteligencia lingüística, inteligencia lógico matemática, inteligencia espacial, inteligencia musical, inteligencia corporal cinética, inteligencia intrapersonal, inteligencia interpersonal e inteligencia naturalista.
“El concepto herbartiano de los intereses está ligado con su principio de la instrucción educativa. Las aptitudes prácticas y los intereses dependen de las representaciones que cada uno posee y son en él más activas; procurar nuevas representaciones y los intereses, o en otras palabras, instruir significa educar. Los intereses son, en cierto modo, las resultantes de las fuerzas de atracción o repulsión que poseen las diversas representaciones. Por consiguiente, no son ni algo original que preceda a la experiencia, ni algo exterior respecto al patrimonio de conocimientos que posee una persona, sino más bien la vida íntima de ese mismo patrimonio.
El interés –dice Herbart- es el concepto cardinal de la instrucción. No es un medio de aprendizaje, sino más bien el fin de éste; una educación digna del hombre es aquella que promueve ricos y profundos intereses más bien que conocimientos específicos: “El interés debe hacer nacer de sí otro interés; lo aprendido se disipará por toda la vida”[viii].

Cada persona tiene diferentes intereses y motivaciones. El interés es fundamental en el proceso educativo.  Por ello, al maestro le corresponde motivar a sus estudiantes, hacerles seguimiento y acompañamiento constantes, de tal manera que ellos se sientan cada vez más satisfechos y adaptados; tengan una gran determinación de ser protagonistas de sus propias vidas y  sean concientes de ello.  Así, constantemente se irán automotivando, sus aprendizajes serán significativos y  perdurarán a lo largo de sus vidas.

1.1   CAMPOS DE APORTES.
La educación es un proceso en continua evolución. Esa evolución  se ha dado en  la medida en que se han ido descubriendo nuevas teorías, nuevos modos y formas de orientar  y formar.   A través de la educación se busca humanizar a la persona, despertando su sensibilidad y motivándola para  que se sienta impulsada  a aportar para la construcción de un mundo mejor, constituido por seres  satisfechos de sí mismos y  concientes de la importancia que tienen para la sociedad.
Fue a partir de la reflexión sobre estos procesos que Herbart sintió la necesidad de una educación totalmente homogénea,  cuyo fundamento  fuese el hombre y la necesidad de formarlo como un ser equilibrado.
“Desde el concepto antropológico se plantea que cada niño nace con un potencial único, su individualidad, pero este potencial permanecía como tal hasta que por medio de la Educación, acorde a lo acumulado por la sociedad.
Herbart parte del supuesto de que los espíritus humanos son "tablas rasas", sin contenido alguno que debe ser llenado a partir del proceso de enseñanza. Su interés estaba en formar personas y no ciudadanos.
Dentro del método que se va indagando en lo que aportó para la educación, es que la idea clave de su pedagogía, es que la instrucción es la base, la única base de toda la educación. El une a la educación en una, no separa a la educación intelectual de la educación moral. La naturaleza de la mente es una, por lo tanto sólo hay una educación; y esta se logra a través de La Instrucción Educativa. Para instruir al espíritu es necesario construirlo. Para que sea fecunda hay una condición esencial: que la educación suscite "el interés", que sea un estimulante; consideraba como pecado capital, que el profesor fuera aburrido y el interés era la palabra mágica de su pedagogía.
Interesar es excitar el apetito del espíritu. Herbart fue muy cuidadoso para no confundir el interés con el juego. Por una parte, el interés es al mismo tiempo el carácter de las cosas que se utilizan para llamar la atención, y el sentimiento de curiosidad, de viveza y de vida del espíritu que se manifiesta en el alma. Por otra parte, hay dos fuentes fundamentales: el sentimiento de curiosidad que provoca la experiencia, el estudio de la naturaleza, la búsqueda de los conocimientos y el interés que resulta de la vida social”[ix].

 “El estudio de las diferencias individuales, la psicometría, la psicología evolutiva y el interés por el aprendizaje y la alfabetización. Realizó aportes de carácter finalista importantes para la educación como es el concepto cardinal de la instrucción." No es un medio de aprendizaje, sino más bien el fin de éste; una educación digna del hombre es aquella que promueve ricos y profundos intereses más bien que conocimientos específicos: "El interés debe hacer nacer de sí otro interés; lo aprendido se disipará, pero el interés persistirá por toda la vida."
Sobresale además su interés por la enseñanza clásica la cual deseaba que se enriqueciera desde el punto de vista matemático científico, en obediencia a su principio de la expansión multilateral de los intereses. Dicha expansión debe ser gradual, sólida y disciplinada, como la que es posible realizar en una escuela secundaria libre de preocupaciones utilitarias, de modo de construir al mismo tiempo el patrimonio intelectual y el carácter del educando que, según el principio de la instrucción educativa, son virtualmente coincidentes.
Herbart formuló ciertas distinciones y reglas didácticas que han corrido con una fortuna acaso superior a su mérito. Por ejemplo, la educación no se basa sólo en la instrucción, sino también en el gobierno y la disciplina.
Pero el aspecto de la didáctica herbartiana que más se desarrolló y difundió es de los grados formales de la instrucción”[x].

La instrucción, el gobierno y la disciplina son algunos de los pilares de la educación.  A través de ellos se van formando, de una manera simultánea, el patrimonio intelectual y el carácter de la persona.   
El educador es un actor protagónico y, como tal,  debe ser dinámico, creativo;  debe tener visión de futuro y  actuar con inteligencia.  Debe saber diseñar y poner en práctica estrategias y actividades a través de las cuales busque la vinculación de los educandos con la sociedad.
Herbart le dio mucha importancia al desarrollo intelectual y consideró que la humanización llevaría a la acogida de lo intelectual. Así pues, si desde la institución educativa  se trabajan las cinco dimensiones de la persona, en los educandos se irá despertando amor hacia sí mismo, hacia los demás, hacia el conocimiento, hacia la sociedad, etc.

2.2 APLICACIONES  EN EL AULA DE CLASE.
El maestro es, ante todo, un modelo para sus alumnos. Por ello debe ser una persona íntegra.  A través de su labor, debe ayudar a construir una  sociedad más justa en donde reinen  valores y principios sólidos
El maestro debe ser un generador y creador intencional  de conductas humanas. Es decir, debe tener objetivos claros respecto a sus alumnos y al conocimiento.
El educador debe tener conocimientos de Psicología, pues ellos le ayudarán a comprender mejor a sus educandos y a trabajar los contenidos de acuerdo con la etapa evolutiva de sus estudiantes.
Al educador le corresponde hacer que los contenidos trabajados sean significativos para sus estudiantes. Así mismo, debe generar  procesos vivenciales a través de los cuales  busque ayudar a los educandos a trascender.
La educación debe estar orientada hacia la preparación de los educandos para la vida.  Por ello, se debe buscar el desarrollo de todas sus potencialidades

La motivación es fundamental para que los diferentes aspectos trabajados perduren en la persona a través del tiempo. Una persona motivada será más eficiente y estará creando cada vez más motivos para vivir, para estudiar, para salir adelante, etc.
El maestro tiene una gran responsabilidad con sus estudiantes y con la sociedad.  Tiene en sus manos la  vida de muchas personas.  Por ello, debe estar preparado para responder a sus demandas intelectuales, afectivas y psicológicas.

Según Herbart los maestros deberían tener conciencia de la plasticidad de la conducta humana:
“…se necesita mucho para elevar el saber al nivel de la erudición; y es una tarea aún más difícil de combinar el impartir conocimiento con la formación del carácter. Para lograr este propósito, el saber tiene que sentirse y experimentarse profundamente; en otras palabras, la mera cantidad de conocimientos y la enseñanza lógica y práctica de nociones, máximas y principios debe afectar todas las actitudes emocionales de una persona. Se puede mostrar cómo tiene que proceder la enseñanza para producir tal efecto. El grado de éxito, depende de gran parte de la individualidad del alumno.
Sólo los maestros de muchas experiencias saben cuan rápido se desvanece, ante nuevas condiciones, hasta el saber más cuidadosamente cultivado. Sólo ellos pueden creer con cuánta rapidez emergen nuevas opiniones y ambiciones y cuán irresistiblemente una persona se ve atraída por las tentaciones acordes con su naturaleza, a pesar de todas las precauciones previas. Aun la experiencia superficial nos enseña que los resultados de un examen sólo son válidos en el día en que se toma”[xi].
El ser humano es un ser inacabado e insatisfecho;  esto se evidencia en el hecho de que, después de alcanzar un logro, siempre se irá proponiendo indefinidamente otro. Tiene muchísimas potencialidades por desarrollar y su conducta es moldeable.  A medida que vaya viviendo, irá madurando y tomando forma.  Esta capacidad es llamada plasticidad y es, en sí misma, la capacidad de aprendizaje. Por ello, le corresponde al educador, además de trabajar una serie de elementos conceptuales,  orientar correcta y oportunamente a sus estudiantes, de tal manera que les enseñe a  controlar sus emociones y a formar su carácter a través del desarrollo de habilidades sociales.
El Docente en el sistema educativo debe de actuar como agente de cambios con compromisos y retos intrínsecos que le permita esforzarse a plenitud para encontrarse a si mismo y poder diseñar el camino para enseñar y orientar en educación y que el acto de educar se convierta en una acción vital y superior para la construcción y formación de la vida misma de los hombres con una actitud capaz de insistir en la búsqueda de medios y técnicas que permitan mejorar el proceso curricular y de garantizar su constante mejoramiento personal y profesional. Este debe cumplir con características muy importantes para desempeñar su papel, siendo este generador de acciones que propicien la innovación y el desarrollo educacional capaz de participar conscientemente y creativamente en la elaboración y ejecución de proyectos pedagógicos Un promotor, asesor, facilitador, e investigador que junto al educando y a la comunidad en general propicia cambios en las estructuras educativas planteadas por la educación, basada fundamentalmente en la concepción de un educando con un desarrollo integral. La educación impartida por el docente debe dar conciencia al alumno del papel y del rol que está desempeñando y debe jugar dentro de su grupo social permitiéndole la autoformación de sus valores individuales colectivos sociales y culturales”[xii].
El maestro debe tener vocación, debe amar su labor, reconocerse en ella y saber que trascenderá a través de ella.  Debe ser conciente de la gran responsabilidad que tiene ante sí mismo, ante sus estudiantes y ante la sociedad.
Así mismo, debe ser un líder y un agente de cambio; debe inducir a sus estudiantes al descubrimiento y desarrollo  de sus habilidades y talentos.
En suma, el maestro es un ser privilegiado,   pues es un transformador de vidas.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS.
[2] BRIEF ENCICLOPAEDIA OF PRACTICAL PHILOSOPHY, IBID.
[3] Brief encyclopedia of practical philosophy…
[7] Historia del pensamiento pedagógico. Autor: Frederick Mayer. Página 283. 284
[8] Historia de la pedagogía. Página 493.
[9] Historia de la pedagogía. Página 493.494
[12] Brief enciclopedia of practical philosophy, ibid. Libro: Historia del pensamiento pedagógico. Pág. 283.284.



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